Presentación

Este es un espacio abierto y plural de lectura colectiva. Exploramos las posibilidades que nos ofrece de la tecnología pra comunicarnos también desde aquí, construyendo y porque no desconstruyendo mitos y saberes con el objeto de descubrir pistas, debatir, y desarrollar propuestas de convivencia escolar.

CARPE DIEM

CARPE DIEM
El lago Nahuel Huapi, al atardecer desde el Cerro Otto

Viaje de egresadas CMA 2008

Les deseo un hermoso viaje. Ya falta muy poquito. Disfruten. Miren, miren mucho, llénense los ojos de paisajes, de inmensidad, de los secretos del lago y la montaña. Un abrazo hasta la vuelta, María Claudia

viernes, 1 de agosto de 2008

NORMAS Y COMPROMISOS. (Ma. Jael Rush)

Normas de convivencia

Numerosos centros escolares han incorporado entre sus quehaceres actividades que favorecen la convivencia. En unos colegios o institutos, se realizan actividades en torno a las normas de convivencia, mientras en otros se preparan con gran cuidado las conmemoraciones del día de la paz o de la mujer trabajadora. Igualmente, en unos niveles educativos se utilizan los cuentos como recurso para avanzar en el conocimiento de las emociones, y en otros se habilitan recursos de mediación para la regulación de los conflictos. A pesar de esta diversidad, nuestro objetivo inicial en este trabajo es describirlo brevemente desde una perspectiva funcional. En él son fundamentales los conceptos de convivencia, conflictos y sentimientos. Es importante que el Plan de Convivencia de los centros incorpore las rutinas de actuación que deben ponerse en marcha en circunstancias en que el comportamiento del alumnado, de las familias o del propio profesorado no es acorde al marco normativo. Además, especifican que la divulgación de las normas o, como recomendamos, su desarrollo, junto a las correcciones, y su seguimiento pueden formar parte del Plan de Convivencia del centro y de los contenidos de la tutoría. Adicionalmente, se incorporan los recursos del Aula de Convivencia y del Compromiso de Convivencia para flexibilizar las actuaciones correctoras y comprometer a las familias de manera más directa en estas tareas. Por otro lado, las órdenes de acción tutorial, tanto de Primaria como de Secundaria garantizan la coordinación de los tutores y tutoras y la realización de actividades sobre cohesión de grupo y normas, así como la coordinación de los equipos educativos, aspectos fundamentales para la eficacia de estas actuaciones.

Desarrollo y respeto a las normas de convivencia

En los últimos años se han publicado varios estudios en los que se recaba la opinión del alumnado, profesorado y familias respecto a la existencia, utilidad y aplicación de las normas de convivencia en los centros escolares. También, se han proporcionado datos estadísticos respecto a las transgresiones más frecuentes de las normas de convivencia y sus correcciones habituales. Existe un consenso amplio respecto a la necesaria existencia de normas de convivencia en los centros escolares y una opinión favorable sobre la efectividad de los mecanismos que ofrece el centro para aprobar, explicar y difundir las normas de funcionamiento. Sin embargo, en muchas clases de Secundaria no se desarrollan actividades sobre normas. De hecho, sólo un 45% del profesorado y del alumnado de Secundaria afirma que se realizan.
Por otro lado, gran parte del profesorado y del alumnado entiende que se producen agravios en el modo en que se aplican las normas y las correcciones en el centro. Casi el 40% del alumnado y un 20% del profesorado de secundaria creer que el profesorado no tiene el mismo criterio cuando aplica las normas del centro.
Otro dato importante que se desprende de estos estudios es que la categoría más frecuente de conductas que atentan gravemente contra la convivencia es la acumulación de faltas leves Adicionalmente, se informa que un grupo de alumnos reducido acumula un número de partes considerable. Por último, el Informe del Consejo Escolar de Andalucía (2005) destaca que la corrección más frecuente para las conductas que atentan gravemente contra la convivencia es la expulsión del centro. Cuando se trata de faltas leves, sin embargo, es habitual que se imponga la realización de tareas fuera del horario escolar. Además, es habitual que el profesorado, especialmente el tutor o la tutora, se entrevisten con quien se comporta de manera inadecuada y con sus padres y madres.

Necesidad de mejorar las actuaciones relacionadas con las normas de convivencia
Desde la propia experiencia, se desprende que se deben mejorar las actuaciones. En primer lugar, parece evidente que en muchos centros hay que trasladar las actividades sobre normas a las clases. Especialmente en tercer ciclo de primaria y secundaria obligatoria las actuaciones de gestión de normas pueden ser de gran relevancia. Además, hay que fortalecer la coordinación entre el profesorado al utilizar el marco normativo y aplicar las correcciones. No es deseable, por ejemplo, que los miembros de un Claustro de Profesores procedan de modo heterogéneo cuando un alumno o alumna llega tarde a clase, no ha realizado las tareas escolares del día anterior, ha insultado a un compañero, etc. Si se quieren utilizar las normas con eficacia y como un recurso de cohesión, es imprescindible la coordinación estrecha entre el equipo educativo. La categoría más frecuente de conductas contrarias y gravemente perjudiciales para la convivencia es la reiteración de faltas leves. Este dato señala claramente que realizamos un uso inadecuado de las normas. En este seguimiento debe colaborar todo el equipo educativo. Las normas suelen ser muy eficaces para aliviar problemas de disciplina, en los inicios de trimestre o en momentos en que su incumplimiento sea patente, conviene hacer pequeñas sesiones de revitalización y concienciación de su relevancia. Igualmente, cuando se sigan de modo habitual, deben usarse la felicitación y el reconocimiento por el buen proceder del grupo o de algún individuo.
Un tercer aspecto que debemos considerar es el tipo de correcciones que se aplican en los centros escolares. Ante las faltas graves, parece que el único recurso disponible es la expulsión del centro, mientras que ante las leves suele utilizarse la entrevista y, en algunos niveles educativos, la realización de tareas fuera del horario escolar. Se requiere un esfuerzo creativo para incorporar otras estrategias correctoras menos genéricas y más vinculadas a la propia norma que no se ha respetado. Limpiar lo ensuciado, ordenar lo desordenado, estudiar lo no estudiado, cooperar en tareas colectivas, pedir disculpas, etc. pueden ayudar a que un alumno o alumna se reubique en el grupo. La ayuda de las personas responsables de la Orientación y de la familia, así como de otros profesionales, pueden ser especialmente valiosas.



Convivencia, conflictos y sentimientos
El término convivencia describe la realidad física de vivir en compañía de otro u otros o de cohabitar con ellos. Pero su significado incorpora también las propias consecuencias psicosociales de ese hecho. Viviendo con los demás, maduramos, nos socializamos, incorporamos los productos culturales, colaboramos en las tareas colectivas y tenemos oportunidad de alcanzar nuestras metas más existenciales. Relacionándonos con los demás, contribuimos al grupo y nos afirmamos personalmente. Además, incorporamos las normas, las reglas de acción, las actitudes, los valores y los preceptos que van configurando los estándares de referencia para la regulación de las propias interacciones sociales y de nuestras propias acciones, y vamos estableciendo nuestras propias metas y objetivos. Lo que llamamos convivencia está estrechamente relacionado con el seguimiento de esas normas y el empeño que ponemos en el logro de los objetivos colectivos. No obstante, en todos los grupos suelen aflorar situaciones en las que las relaciones entre algunos de sus miembros son conflictivas. El conflicto no es algo ajeno a la convivencia, sino una parte fundamental de ella. Aunque habitualmente prevalecen en nosotros las actitudes y los objetivos del grupo, en circunstancias o momentos particulares los intereses individuales pueden ser tan apremiantes que no se respetan las normas. Son situaciones en que nos distanciamos del propio grupo o de alguno de sus individuos y, para regresar y reubicarnos en el marco normativo y de valores del grupo, debemos hacer un esfuerzo.
Hay que aceptar, además, que ningún listado de normas, por muy exhaustivo que sea, puede impedir que surjan conflictos. En numerosas circunstancias, manteniéndonos en el respeto a las normas y en el esfuerzo por el logro de los objetivos del grupo, puede ocurrir que sus miembros tengan planteamientos diferentes sobre un asunto. Se trata de situaciones en que el comportamiento o actitud de ambas partes es legítima, se adecua a las normas y objetivos del
grupo, pero es incompatible. Los sentimientos son el tercer elemento importante de nuestro marco global de actuación. Ellos inundan nuestras relaciones sociales. Están determinados por lo que acontece en una situación y, al mismo tiempo, determinan la manera de relacionarnos con los demás. La acciones interpersonales, sean amigables o conflictivas, suelen ir acompañadas de algún tipo de afecto. Cuando nos damos cuenta de que otra persona no respeta las normas o los valores del grupo, o cuando entendemos que alguien no coopera o colabora para el logro de los objetivos colectivos, nos sentimos enfadados o indignados. El grupo crea héroes y puede colaborar para que algunos individuos se sientan estigmatizados.
Las emociones surgen en circunstancias en que nuestros intereses están en juego y en las situaciones de convivencia y de conflicto lo están. Nuestro sistema educativo se enfrenta al reto de transmitir y afianzar las normas y los valores que nos hemos dado socialmente, instruir en la regulación amigable de conflictos y educar en sentimientos con el fin de favorecer las relaciones interpersonales.


Las normas como un recurso educativo para facilitar la convivencia
Cualquier grupo social crea reglas de comportamiento para favorecer el logro de sus metas más distintivas. En la familia, en una empresa, en un hospital, en cualquier grupo existen normas que tienen como objetivo afianzar la cohesión del grupo y favorecer el logro de sus metas. Si los individuos de un colectivo son protagonistas de su desarrollo, las normas pueden fortalecer sus vínculos y su identificación con el propio grupo.
En todos los centros docentes debe existir un marco normativo importante que ayude a alcanzar los objetivos educativos en los que está comprometido. Se trata de un grupo de normas sencillas, comprensibles, funcionales y suficientemente exhaustivas para que todos los miembros de la comunidad educativa tengan claro lo que se espera de ellos. Lo habitual es que estas normas, con sus correcciones, se difundan entre el profesorado, el alumnado y las familias para garantizar su operatividad. Adicionalmente, es necesaria su revisión periódica para que siempre sean relevantes y útiles. De manera más restringida, también en muchas clases, se pueden realizar actividades sobre normas. Dependiendo del nivel educativo, el alumnado junto con el tutor o la tutora y el resto de miembros del equipo educativo participan y gestionan sus marcos de relación distintivos de acuerdo con las peculiaridades, intereses, problemas particulares, etc. de dicha clase. El objetivo de esta tarea es potenciar la conciencia de grupo, de colectivo comprometido en el logro de asimilar conocimientos, afianzar destrezas y valores, y conseguir la cooperación de todos los individuos del grupo en la consecución de tales fines.

Elaboración de las normas generales
del centro

Las normas de convivencia tienen sentido dentro de un colectivo, fuera de él no tienen ninguna utilidad. Nos las proporcionamos para lograr objetivos de grupo y para regular nuestras relaciones interpersonales.
Se justifican porque vivimos en grupo, convivimos con otras personas y tenemos objetivos comunes. Sin conciencia de grupo, sin considerar que quienes nos rodean tienen los mismos derechos que nosotros, las normas de convivencia son más una imposición que un valor social. Cuando nuestras metas y logros son compartidos es más fácil acercarnos al sentimiento de plenitud personal.
Existe una estrecha relación entre normas y valores, pues las primeras se sustentan en las segundas, pero son recursos funcionalmente diferentes.
Es importante incorporar alguna actividad, sea reflexiva o más comportamental, en la que se haga patente la necesidad de las normas de convivencia.
Adicionalmente, es importante que el alumnado se sienta protagonista en su elaboración, pues la convivencia no es patrimonio de nadie en particular, sino de todos los que viven juntos. Conviene también ilustrar en las actividades, que las normas se sustentan en nuestros valores sociales. Pero es importante diferenciar las actividades de educación en valores de las relacionadas con las normas. Las normas de convivencia ayudan a regular comportamientos y describen con precisión las acciones que deben ponerse en práctica.
Las normas describen comportamientos y acciones que favorecen la cohesión del grupo, la coordinación de esfuerzos y el logro de las metas colectivas. Las normas, en vez de enumerar prohibiciones, deben recoger lo que hay que hacer. A veces no es fácil formularlas en positivo, pero conviene hacer ese esfuerzo.
Otro aspecto importante es la incorporación de correcciones. Cada norma debe ir acompañada de sus correcciones. Sin ellas, la utilidad de las propias normas es muy restringida y puede generarse una conciencia de impunidad. Cuando alguien se conduce de modo inadecuado, es razonable que asuma la responsabilidad de sus hechos. Dentro del grupo no caben los agravios comparativos.
Las correcciones también deben acordarse en el grupo con una formulación clara, precisa, sencilla y, por supuesto, educativa.
Al elaborar las normas, es importante reflexionar también sobre el uso del castigo. Sin embargo, no podemos olvidar que nuestra sociedad utiliza el castigo para regular muchos comportamientos individuales y que las propias disposiciones legales relacionadas con la educación también lo incorporan como un recurso corrector. Afortunadamente, ya no se utiliza en nuestro país el castigo físico, pero la expulsión de clase o de centro, realizar tareas escolares durante el recreo o no participar en las actividades extraescolares son formas de castigo que se utilizan habitualmente.
Si se decide utilizar el castigo como corrección, debemos intentar usarlo con la máxima eficacia, junto a otras estrategias educativas que ilustren en positivo lo que debe hacerse e intentando reconducir su coste sentimental. El castigo tiene como objetivo disminuir la frecuencia de un comportamiento inadecuado, pero no es una guía positiva sobre lo que debe hacerse. Es importante, por tanto, complementarlo con otras estrategias que ilustren y hagan explícito el comportamiento deseable. Si se decide utilizarlo, es importante que:
• Quien sea castigado conozca de antemano la vinculación entre su incumplimiento de norma y el propio castigo (es recomendable su aplicación inmediata tras el comportamiento inadecuado).
• El castigo realmente ocasione un sentimiento de desagrado o malestar que disuada a quien lo sufre de repetir el comportamiento inadecuado.
• Vaya asociado a un conocimiento claro de cuáles son los comportamientos adecuados.
• Tenga en cuenta la situación personal de cada alumno o alumna. En muchos centros escolares, se expulsa con frecuencia a algún alumno o alumna de una clase o del propio centro.
También es de gran relevancia la generalización de las normas, y sus correcciones, más allá del aula. En todo el centro, en casa, en cualquier circunstancia hay que seguir las normas de convivencia básicas. El respeto a los demás hay que mostrarlo en cualquier circunstancia. Escuchar, atender, dar las gracias, pedir perdón, etc. son destrezas sociales básicas en nuestro entorno social. Por ello, es fundamental que las familias conozcan las actividades sobre
normas que se realizan en el centro y se esfuercen en casa para proceder de manera semejante. La coordinación entre centro y familias se hace imprescindible.
Algunas normas regulan pautas de comportamiento en el centro, otras en un nivel educativo específico y otras en una clase en particular. En cualquier caso, no debemos olvidar que las actividades sobre normas son sólo uno de los pilares de la convivencia. La regulación amigable de los conflictos y la educación en valores y en sentimientos también deben formar parte de las actuaciones de los centros.


Elaboración de las normas del aula
Los alumnos y alumnas de una clase van a estar durante mucho tiempo juntos, realizando actividades y conviviendo. Es importante que se potencie su conocimiento y confianza mutua, especialmente, en los inicios de curso o cuando se incorpora alguien nuevo al grupo. Por otro lado, la toma de conciencia de pertenencia al grupo-clase ayuda a establecer y a esforzarse por el logro de objetivos comunes, y a fortalecer las habilidades de diálogo, participación, discusión, toma de acuerdos, defensa de puntos de vista, etc. Cuando alguien se considera miembro activo de un grupo y protagonista de su destino es más fácil asumir y compartir unas reglas de juego para que la clase funcione mejor y sea más probable alcanzar las metas colectivas. Cualquier actitud hostil, suspicaz, individualista, competitiva, etc. puede entorpecer la tarea. Para lograr estos objetivos, deben llevarse a la clase actividades en las que el alumnado sea el protagonista.
El centro ya dispone de un conjunto de normas y correcciones genéricas que garantizan su funcionamiento. Cada clase se dota a sí misma de unas pocas normas y correcciones particulares para garantizar los derechos y deberes de todos sus miembros. La elaboración de las normas debe apoyarse en actividades en las que el alumnado tenga un papel fundamental y por ello al realizarlas, deben tenerse en cuenta algunas ideas sencillas pero muy funcionales.
Hay que desarrollar actividades que ayuden a precisar los problemas concretos y cotidianos del grupo. El objetivo de estas actividades no es hacer un inventario inabordable de problemas o comportamientos inadecuados sino aliviar los cuatro o cinco comportamientos que entorpecen de modo sustancial el logro de las metas colectivas. Conviene que siempre esté disponible en el aula un pequeño resumen de las normas, con sus correcciones, aprobadas por el grupo, así como un cuadrante en el que poder anotar cualquier comportamiento inadecuado. Además, las anotaciones hay que realizarlas de manera fluida, sin interrumpir el desarrollo de las actividades. El profesorado debe ser cuidadoso y preciso al cumplimentar el parte de incidencias. Conviene tener actualizada la información relacionada con el respeto de las normas y las correcciones. El seguimiento ayuda a detectar normas o correcciones inservibles que deben ser cambiadas o puede utilizarse para felicitar al propio grupo por su respeto escrupuloso al marco normativo.